viernes, 14 de noviembre de 2025

Claaro

 Cuando me dijo, saboreando el sarcasmo

'Claaro vos tenés que ser siempre la más buena de toodas'

sentí algo muy fuerte que me dolía, 
un tirón como venido de muy adentro mío, 
aún más adentro de mí, como un ramillete de fibras que se torcionaban y tiraban....
y de muy atrás, en el tiempo, de quizás otro tiempo continuo a este, pero antiguo.
Sentí un lazo muy fuerte a alguna gente que como yo...
(Unos muertos, varios rotos, otros gordos)
no disfrutaba como tantos
de poner mesura, ni límites sobre lo propio,
Ni de recelar las cosas porque sí.
Ni decir que no en atención al por las dudas.
Ni vivir desconfiando, ni vivir guardando, ni vivir negando.
 
Y sentí ganas de que se vayan todos estos otros, 
que nada aprendieron desembarcando.
 
Si llegaron para ser iguales que antes, como si pisar esta tierra no fuera nada,
Si llegaron para instalar sus egoísmos sin fisuras...
Entonces, que se vuelvan por sus mares, en barcos más modernos.
Qué despejen por fin el junco,
el barro,
el monte que no niega.
Qué despejen el silencio
Y los ríos
Y nos dejen en paz, 
en la desmesura de la llanura 
que no entiende de mezquindades.

viernes, 22 de octubre de 2021

Vidrio vacío

 El polvo está quieto, por ahora, en la calle reseca. Unos dibujitos chillones tienen a los niños. La cortadora de pasto tiene al chico que la empuja. Su novia cree tenerlo porque es nuevo, a su lado, mientras espera que el viernes no le pegue fuerte. Aunque son las cinco, la soda y el gancia se mezclan haciendo una textura transparente, como una malla, fija aún ante la movilidad del resto. De la oficina sale como una ausencia y un desprecio. Me doy cuenta de que al gancia le falta cuerpo, le falta fuerza y victoria. El gajito de limón, semihundido y ambiguo, parece cuidadosamente ornamentado con perlas de plata inflada, impecables; pero también, es como el barco hundido en Varadero sarsoti, herrumbrado, cubierto de granos de óxido, que se tragó un niñito cuarenta años atrás, cuando al principio de acción y reacción le faltó la reacción. 
Pienso en mi primo, que no tomaba cerveza sino vino, pienso que tenía razón. 
Pienso en mí tía que tomaba cerveza y vino y siento paz. 
Pienso en mí tío Beto, para quien el vino era el hilo inquebrantable que sellaba la amistad, el vino como rito, no enajenable de lealtad. 
En este instante de quietud sin viento, veo en mi calle tantas calles de tierra, una familia entera de calles de tierra, de parientes, como yo, luchando con el polvo; de parientes muertos perdiendo contra el polvo. 
En este momento de pesadez, de octubre desenrollandose sin ansiedad, con la seguridad de quien está más allá de los vaivenes irrisorios, me doy cuenta, sin vueltas, de la búsqueda irrefutable que tenían los Gómez en su ir y venir. Ir y venir, del pingûinito al vaso, del almacén a casa, de la damajuana llena al vidrio sólo y hueco. Siento la pregunta punzante en la lengua caliente, veo el vacío sobre la calle adelante y el desprecio indeferente que ha escapado de la oficina, para empapar el aire seco. Entonces agarro un vaso vacío, de vidrio, miro su hueco, y lo azoto, lo hago añicos contra la bacha.

miércoles, 13 de octubre de 2021

Carta a la llorona de la Tierra


Llorona yo te escribo porque lloro, y vos tenés más experiencia
yo te escribo porque lloro y todavía me da vergüenza
quiero que digas cómo fue tu camino a la conciencia.

Mi pueblo no se acuerda, bien, cómo es llorar, 
ahogados y con hipo por la gente sin hogar, 
mi pueblo ya se olvida cómo reclamar 
por los pobres, por los tristes, 
por los pobres y los solos,  
los pobres, los enfermos, 
pobres, los callados, 
callados y vaciados.

Solo al llorar nos queda
legítimo e
impune 
un breve
y tenue
quizá.


El nono y la nena



La nona y la nena pescan pescados
de tapas de gaseosa
con un palito.

El nono y el nene usan pañales.
La nona pide nanas por la noche
y llama a su mamá.
La nena va dejando de pedir nanas.
La nona no.

La mamá la viene a consolar,
la mamá la viene a buscar.
Las mamás llegan primero al mundo
y a la eternidad.

-Me tengo que arreglar porque me busca mamá.
-No, tu hija te busca.
La mira largo, la nona a la chica
y no le explica nada.

Donde otros ven sombra de pasado,
la nena mira al nono y ve al sol.

El nene se trepa a la silla de ruedas
y sale a la vida, en un camión de bomberos,
como en el antiguo carro de bomberos de la plaza.

Tengo ganas de hacer masa,
dice la nona, de sentir las manos en la masa,
y empuja las manos hacia su pierna quieta
hacia su no pierna, hacia la masa imaginaria.

El nono no explica ni niega sus manías
y le da veinte besos a la cruz
para conjurar los males.
Se acuerda de los muertos y de sus hijos
por si hubieran sido leales.

La nona no se acuerda de nadie
ni les reprocha su condición de mortales
escapa de la culpa, de las disculpas,
y no le teme a las historias inconclusas.





Retirados

No van sino que permanecen empecinados

en la costumbre de buscar detalladamente la derrota

con la esperanza minuciosa de la felicidad del otro,

la esperanza de que el otro no sea un espejo de su tristeza y de su renuncia;

porque si lo fuera…. serían parte de un orden cruel,

inaceptable tanto por el lado de la cruz como por el lado de la cara,

un orden moneda que los acerca con un diferencial cada vez menor,

a la muerte pueril.


En otro tiempo sus ojos se habían animado a declarar una guerra,

pero al momento de disparar se les había manchado de sangre el propio cuerpo.

En ese tiempo, las astillas de lo desconocido les habían acicateado las ganas de vivir.

Ahora, no son más que sombras de viejos cañones por fin empastados de hollín,

dispuestas a la tibieza esclava de la paz.


Si un día una búsqueda atrevida dejó una huella en el río del recuerdo,

un temible remolino que se tragó y se traga la cordura,

hoy caminan sin buscar por la orilla firme, inclinada de atardecer,

midiendo los pasos del otro para ver hasta donde pueden jugar

ese juego de piedritas cuyo nombre ni importa recordar,

tratando de ver un destello que los deje en paz,

que les diga que están bien ahí el hueco y la ausencia.

Que la herida va donde va.

Relato quemado


¿Que será tu muerte, Caroso?
¿Que se desmoronen los relatos que te hicieron?
 ¿Las historias una y mil veces contadas por mi vieja? 
¿Que se vuelvan recuerdo de un recuerdo 
tus sonrisas irrenunciablemente tristes? 
¿Que se haga cierto y para siempre 
el reproche que nos hacías
que le hacías a tu vieja mirándonos a todos?
'Me dejaste solo'
¿Que tu generosidad pisoteada nos deje un mundo 
con un poco menos de confianza?
¿Que frente a la crueldad desmesurada
a la oblicuidad de la injusticia 
me pregunte quiénes 
son tan mercenarios como el fuego? 
¿Como las llamas vendidas que no preguntan 
si es nafta
carne viva 
o un retazo irremplazable de mi ser? 

 

lunes, 11 de mayo de 2020

Los chicos que no iban a la escuela

Los chicos que no iban a la escuela fueron los únicos que detectaron el fenómeno anómalo, en un amanecer que no fue cualquiera, del quinto mes de un año en el que la gente había vuelto a confiar en la policía.
El hecho concreto fue que dos hermanos vampiros, más bien chiquitos, se habían quedado sin lugar donde dormir. Tal vez porque sus pares andaban con miedo de que los humanos les contagien un virus que había mutado y ahora infectaba a murciélagos, tal vez porque los veterinarios recomendaban dejar de colgarse y dormir cabeza para arriba o simplemente porque los que estaban cómodos y calentitos, se quedaban mosca y se olvidaban del mundo; este par de bichos se había quedado sin refugio para ese día.
Ya se hinchaba de rosado el horizonte y unas nubes gris pastel lo manchaban un poco; los vampiritos creían que sería un día de sol así que se atolondraban por encontrar algún rincón. Sin embargo, inesperadamente para ellos, que no solían husmear el pronóstico en el celular y que el sexto sentido se les había empastado un poco de sangre coagulada, se largó a llover. No era la garúa finita que les encanta a las achicorias de la huerta y a los novios que se prestan los pulóveres, era un señor chaparrón.
Fue en ese momento, cuando a la vampira chica se le encendió una chispa de rebeldía y le dieron unas ganas tremendas de volver a dormir colgada, como cuando la hembra que los cuidaba los arrullaba con unos ultrasonidos tan lindos.
Entonces pensó, que si no había otra opción, se podría colgar de una gota de lluvia. El hermano la siguió. En el primer intento, saltó a una gota redondeada y pesada, pero cuando la interceptó, se le desarmó toda, en varios chorritos que cayeron, a la par de la vampira contra el suelo encharcado de barro.
En el segundo intento, el hermano creyó ver que la gota se había demorado en el aire, mientras la hermana le aterrizaba encima, sin embargo, nuevamente cayeron, y dieron contra una planta de cala que bordeaba un zanjón.
Ya le estaba agarrando esa angustia de a veces, en la garganta, cuando, inesperadamente para el suelo, ávido de lluvia, las gotas se agruparon en el aire y quedaron suspendidas. Tal vez porque pensaron que un vampiro son todos los vampiros, o por el puro placer de organizarse, o porque tiempo hacía que las aburría la velocidad y el acelere continuo, las gotas simplemente fallaron al mandato de caer.
Entonces la vampira chica, sin sorpresa pero con gusto, se trepó a una gotaza alargada que parecía blanda y mullida. Y ahí, con la sensación del viento en el hocico que da la libertad, se acostó a dormir, cabeza para abajo, y bien prendida del agua.
Cuando el movimiento de la ciudad empezó, la gente que iba al trabajo y los que iban a la escuela, no se dieron cuenta del fenómeno. Unos muy dormidos, algunos concentrados y muchísimos culposos, iban a sus tareas como la aguja finita del reloj, constantes, precisos e irrelevantes.
Solamente los chicos que habían dejado de ir a la escuela tuvieron ocasión de ver la constelación de bolitas transparentes. Unas magenta, otras verdosas, unas cuántas enormes y otras, sólo salpicaduras, todas quietas en el aire que todavía no se había llenado de humo. Los chicos sacaron fotos, tomaron notas, hicieron hipótesis y le escribieron mensajes a las universidades.
Se armó mucho revuelo en el barrio durante todo ese día, fue el comentario de todos los murciélagos y de todos los humanos. Los medios de comunicación vinieron y mientras creyeron que era fantasía, estuvieron dispuestos a publicarlo en muchos formatos, pero cuando vieron las gotas en el aire, algo los asustó y se fueron rapidísimo.  Los de la universidad tenían justo la fecha de entrega de los formularios de renovación de proyectos anuales de investigación, de todas las unidades académicas; así que no vino nadie. Sí se acercaron algunos murciélagos, que protegidos por gorritos, intentaron percibir de qué se trataba, pero por temor a que tenga algo que ver con el virus humano, se fueron enseguida.
Los chicos que no iban a la escuela ordenaron la información, la compartieron con todos y durante los meses que siguieron, les brillaron los ojos curiosos mientras aprendían, se preguntaban discutían y se acaloraban.
Ese día, recién cuando atardecía pesadamente, los murciélagos se despertaron a su vida noctámbula y las gotas cómplices aflojaron la resistencia. Llovió tranquilamente a la hora de cenar tortas fritas y casi todas las gotas lavaron el aire para caer junto con el humo sobre la ciudad agitada. Sólo unas unas pocas que siguieron viaje pegadas a las alas de los vampiros, llevaron al extremo su propia revolución.

sábado, 21 de marzo de 2020

Coronavirus

La patria unida de los años cuarenta,
la patria unida de los setenta,
el nacionalismo salvador, el todos juntos podemos.
Se renuevan las razones,
se abusa de la gente buena que valora la obediencia,
se mancha al que duda, al que circula, se mancha la libertad.
Cuando juntemos los trapos muertos de lo que hicieron mientras tanto,
volveremos a decir, limpias las conciencias, yo no sabía,
la tele decía, yo tenía una familia.

O tal vez no, quizás el buen estado se ha vuelto más bueno aún,
y sólo nos cuida, nos protege, nos vacuna contra el virus del Otro,
nos aísla para recordarnos que no necesitamos más
que dios, patria y hogar.

sábado, 2 de febrero de 2019

Lunes


Hoy lo internaron a mi papá. Me enteré cuando salí de la escuela, fue raro que me vaya a buscar un amigo de mi papá con otro señor que parece más joven que no me acuerdo bien quién es. Pero cuando me dijeron me mordí la lengua, venía comiendo un chocolate y me mordí re fuerte con las muelas. Tuve que aguantar la respiración para no ponerme a llorar del dolor, porque se notaba que no había que llorar en ese momento, no sé por qué me di cuenta, pero ellos no querían que llore. ¡Cómo me dolía! parece que le quise clavar las muelas para sentir más gustito y como estaba duro el chocolate, le di a la lengua.
Yo me re asusté cuando me dijeron, pensé que le habían pegado, como la vez que se agarró a trompadas con el señor que tiró el papelito al piso, o que se había quebrado algo, no sé una pierna o una costilla. Me llevaron a la oficina, estaba una amiga de mi mamá que me agarró la mochila y dijo que estaba re pesada. Ahí aproveché a hablar y le conté que los lunes está pesada porque tengo que llevar los libros de dos materias, que cada una tiene manual y cuaderno de tareas; por lo menos tenía algo que decir y me sentía tranquilo explicando eso. Ella me miraba a los ojos super atenta, fue raro porque nunca me presta tanta atención, me asustó eso, pero me gustó que me mirara, así que le seguí explicando que los lunes son horribles porque encima tengo dibujo, que no me gusta para nada y me sale mal.

Después de comer un sánguche de milanesa, me dijo que mamá le encargó que me explicara que mi papá estaba internado, sí ya sé, le dije, (lunes tenía que ser, pensé), y ahí me dijo que mi papá se había tomado más pastillas de las que tenía que tomar, tranquila lo dijo, pero mirándome bien. ¿viste que toma pastillas?, sí, bueno, tomó más de las que tenía que tomar, y le hicieron mal.
Ah, como la otra vez que yo me comí todo el paquete de gomitas, que me dolió la panza todo el día, arriba en el estómago, tanto me había machacado mi papá con bueno, ahí tenés, te gustó el durazno aguantate la pelusa, decía. Las gomitas no tienen pelusa, pensaba yo embroncado. Mirá, ahora el pavote se tomó él un montón de pastillas...¿Qué? ¿Serán ricas, que tomó muchas? ¿No eran remedios? ¿Por qué mis remedios son todos feos? Los que las fabrican deberían hacer al revés, hacer ricas las que son para chicos. Si total mi papá toma ese amargo horrible que le echa a la soda, qué necesidad de hacerle ricas las pastillas a él.

La cosa que cuando llegó mi mamá me abrazó re fuerte. Qué bueno ese abrazo apretado y el sánguche de milanesa estaba buenísimo. Si no me hubiera mordido la lengua, casi no parecería lunes. Ah, y si no lo hubieran internado a mi papá.

Después fue todo raro, fui a fútbol como siempre, pero me llevó esa amiga de mi mamá, que encima se olvidó el carné del club y le agarró miedo de que no me dejen entrar. Si a mí ya me conocen; todavía veníamos lejos cuando el señor de la puerta dijo mi apellido. Desde que me quedo entrenando un rato demás, ya todos me ubican, se ve que lo que salgo con poquitos chicos y no con todo el malón, como dice mi abuela. Hasta la noche estuvieron esos amigos en casa, con sus hijos se quedaron, porque parece que mi mamá estaba cuidando a mi papá en el hospital. Me dijeron que ya estaba bien, pero que se quedaba porque no sé qué; será que no estaban taan seguros de que esté bien, o para que aprenda, cuando yo me comí las gomitas, no me dejaron meter a la pileta al otro día.

Por suerte cuando ya me iba a dormir, vino mi mamá. Menos mal porque yo estaba furioso con el hijo de ellos que me agarró la pata de pollo del plato, qué ganas de pegarle que me dio y eso que yo no pego, argumento re bien dice la seño, porque todos en casa somos de hablar y no de pegar. Pero me sacó justo la pata de pollo del plato, mientras yo comía, y se reía. Si hubiera estado mi papá lo reta, o los reta a los papás para que les dé vergüenza, o al menos le quita la pata y me la devuelve. Bueno, raro que la amiga se fue volando cuando llegó mamá, no se quedó charlando como siempre, como si se le hubieran ido las ideas de las cosas que hablan siempre.

No sé tampoco por qué mamá lloraba a la noche y tenía esa cara de fantasmita triste. Mi hermana también se debe haber dado cuenta porque se quedó charlando con ella. Yo me estaba por dormir.  -¿Por qué papá quería hacer eso? ¿Qué hago yo sin papá?- Le dijo en la charla. No entiendo, de qué hablan, ¿hacer qué? Si le pasó como con mis gomitas, ni se dio cuenta de que se estaba tomando todas las pastillas, debe haber estado mirando una serie y chau, se le acabaron. Fui y les expliqué.
Me miraron sorprendidas -¿Qué hacés despierto vos?- dijo mamá. Les expliqué bien todo, pero me miraron con ternura, como cuando preparo comida de mentirita o digo alguna frase que ellos usan. Hicieron silencio y mamá puso esa cara que pone cuando de golpe se decide a que algo se va a hacer, pase lo que pase, cuando decide que la cosa no le va a ganar (sea una maceta, un pallet para un sofá o la enfermedad en la pata de la perra) y me dijo: -Te voy a decir la verdad.

Una porquería la verdad. Que papá se tomó las pastillas porque se quería matar. Papá que no mata las moscas porque le dan asco, ni las cucarachas porque hacen crac, mirá que se va a querer matar él. Si lo pinchás con un escarbadiente y hace un escándalo porque le duele, mirá que se va a querer matar que seguro duele un montón... ¿duele matarse? Me agarró la duda. Pregunté. A veces, me dijeron. Odio esa respuesta. Igual que odio los lunes, y este lunes más que a todos lo demás.

Tal como yo decía, mi papá volvió re bien, solo había estado medio medio de la panza, pero estaba bárbaro y re contento. Mi mamá y mi hermana igual vuelven a hablar cuando él no está, y está menos ahora porque está estudiando una carrera que antes no pudo terminar y ahora la está terminando. Y dele con que por qué quería hacer eso, que le dio el bajón, que había estado demasiado acelerado y después cayó de golpe, que ahora está mejor, que es importante que se sienta útil (si es re útil mi papá, hace un montón de cosas más que los otros papás, que lo único que saben es trabajar), que habrá sido una protesta contra el mundo, que habrá querido llamar la atención sobre la indiferencia de la gente, que con esta crisis nadie anda bien, que los gobiernos son todos iguales por ser gobierno, que mejor sería que no gobierne nadie... Lo bueno que a veces también lo hablan con él, que dijo que no lo va a hacer nunca más. Yo sé que es cierto. Sigue tomando pastillas, pero de a una sola, y así le hacen bien, o no le hacen mal, por lo menos.

Sí pienso en eso de la protesta contra el mundo, estaría re bien protestar, pero no con pastillas, fuerte, a los gritos, para que se escuche. Contra los lunes, por ejemplo, contra los chicos que pegan, contra los papás que viven para trabajar, contra los gobiernos que gobiernan y contra todas las cosas que le llevan la contra a mi mamá, que sabe bien cómo tiene que ser todo. Mi señorita no entiende cuando le explico esto, como que fuera malo protestar. Y ella también toma unas pastillas en el recreo, yo la vi, de a dos las toma. Me cansé de decirle que se toman de a una. Al final me parece que sí le vendría bien a la seño protestar un poco más. 

Yo ya decidí, voy a protestar mucho, porque desde que me empecé a quejar, me di cuenta que también otros de los chicos piensan como yo. Ahora estamos por armar una nota entre varios, para pedir que los lunes no tengamos que llevar tantas cosas, porque nos duele la espalda, somos chiquitos y no queremos terminar todos encorvados como la directora. Mi papá nos va a ayudar.

martes, 29 de enero de 2019

Hilachas

Cuando vi de cerca la adultez altiva de esa otra mujer, supe, por fin, que amaba a mi mámá y supe también por qué. Conozco su relato y el hilván deshilachado de un cuenco vacío que se llena y rebosa, que no soporta el vacío, ni la mitad. Ni la mesura ni la cordura son para un jarrón tejido de barro que no habrá de rajarse jamás, sólo desbarrancarse y hacerse diez mil añicos estrepitosos.


Hubo una mujer, un siglo atrás, que no tuvo madre porque la mató su nacimiento. Así, determinante, liso. Uno de esos eventos que no rebotan ni se ablandan, ni interactúan ni nada. Implacable. Quizás por falta de una mamá, no supo muy bien ser niña y desde que la recibieron las monjas después de tres rechazos, tres familias que creyeron que querían adoptar pero al final no, desde ese día, el primero en su memoria, fue grande. Cortó leña, cosió, mató patos, obedeció, calló y perfeccionó el arte de ser falsamente sumisa.

En algún momento, cualquiera, de esa adusta travesía que la llevaba por una vida que podía ser la de otra, o la de nadie, conoció a un encantador de serpientes. No había escuchado cuentos de encantadores de serpientes, no fue porque le recordara a una historia de fantasía que decidió quedarse a su lado. Fue por respeto a un hombre que podía mandar sobre una especie venenosa. Entonces, podía con los seres humanos. Podía defender la prole.

El hombre dominaba a las víboras, solía venir con alguna enroscada en el cuello, sabía un silbido para amansarlas, la magia negra, había dicho alguien. De lejos se distinguía su figura firme y retacona, que aparentaba más altura por el sombrero oscuro que parecía hecho de sombra. El hombre desconocía por completo el sonido para dominar el vino. Estaba convencido de que lo vencía recién cuando podía parar la damajuana sobre su pico. Todos sabían que los lunes no iba a trabajar.

Pero era cierto que podía defender la prole, de cinco que quedaron, porque la sexta se enfermó de bebé. Cuando estaba fresco, la defendía de la implacable dictadura de la madre y de la amargura que la atravesaba. Les enseñó a jugar y a entusiasmarse, a enfrentarse a los retos igual que a las personas. Nunca le tuvo que pegar a nadie y explicarle que esos críos no se tocan porque son suyos, no hizo falta, porque los críos, desde pequeños, se llevaban puesto a todo el mundo. Y un día se lo llevaron puesto a él y lo corrieron por viejo borracho que le anda pegando a la mamá.

Los chicos aprendieron a sobrevivir, cortaron leña, cosieron, mataron patos, pero nunca aprendieron a obedecer ni a callarse. Crecieron sin reconocer el discurso de los grandes, ni sus moderaciones ni su adaptación al medio. Los vieron como traviesos, al principio, cuando rompían ventanas de los vecinos cazando pájaros, como peligrosos cuando resistían los atropellos de los muchachos con dinero, y les ganaban; como desubicados rondando los treinta, como locos para tomar litio por los cuarenta, como irresponsables, cuando tuvieron hijos maricones y, muchas veces, como malvados. A la gente le costaba reconocer la señal de la desmesura y de la infinita infancia.

Me pregunto cómo se habrán convertido en esos seres de eterna travesura, no sé si habrá un banco de infancias perdidas que se compactan y reparten al azar, o si quien pierde mucho puede reclamarlo para su descendencia. De donde sale el orden en el que un borracho construye una hamaca para que los críos se columpien para siempre, para que ni los años ni el trabajo ni sus propios hijos puedan obligarlos a bajar a tierra. Qué caos detrás del caos empieza una trama que nos alcanza y qué hilos nos toca trenzar en el tapiz irremediable, en el pedazo de relato que nos hace, nos deshace, nos libra y nos suelta por ahí.







domingo, 6 de enero de 2019

Se fue Cromañón

Cromañón, te fuiste con la cola pintada de témpera rosada del Enoc.
Con trece años de buen gato, no esperábamos que te nos mueras en batalla.
Si no hay gatos en el cielo de los hombres, espero al menos poder recordarte.

miércoles, 3 de octubre de 2018

El hombre de sombrero (I)

Le habían comido las pestañas las hormigas, ni una le habían dejado. En la misma época en que la meningitis le había comido una hermana, pero se ve que la meningitis era diferente a las hormigas, porque le había dejado cuatro, cuatro hermanos más, por suerte o por desgracia.
Meningitis, qué raro sonaba esa palabra, que ahora se sabía bien; se pronuncia marcando la gi, gi, es como pegajosa. Se le había reído la madre cuando preguntó si era culpa del desgraciado. No, eso no, le había dicho, mirando el atardecer sobre el campo ajeno, tal vez preguntándose si ese día vendría.

 Mucho tiempo después sería ella la que miraría por las ventanas alargadas del living, haciéndose la misma pregunta.
-------

miércoles, 25 de octubre de 2017

Noche tibia

Quedé latiendo como un corazón fuerte
en el cuerpo ya sin vida de un animal degollado
temblando como un pájaro perdido y mojado.

Tus manos precisas me resumieron,
me sintetizaron hasta dejar mis dudas 
convertidas en un suspiro.

Mi desmadrado sentir
embravecido y descontrolado
está a la sombra de tu potencia 
y de tu palabra.

domingo, 22 de octubre de 2017

Generosidad

¿Es generosidad o egoísmo
la picelada liviana de tus dedos?

Yo pierdo el gobierno de mí
y vos haces de tu vida
una obra de arte.

miércoles, 18 de octubre de 2017

¿Quién es mi hermano?

¿Te sorprendió que tu hermano fuera tu hermano?
Me pregunto que cosas pensaron y que cosas heredaron.
 Como todos.
¿Se quieren si se acercan ideológicamente?
Un compañero es mas importante que un amigo
porque al amigo siempre lo vas a terminar traicionando,
junto con su clase.
¿Y también los hermanos son hermanos 
cuando enfrentan al capital?
¿Por qué te habías pensado insignificante?

Sentados a esperar

Mediocres en nuestro estatismo,
bien quietecitos por temor
Somos empleados para que no existan los patrones.

Boicoteamos el juego dejándonos perder.
¿Podremos no jugar?
¿O hay que perder sólo para no enamorarse del juego?
¿Sentados a esperar la revolución?

Calle

La calle se veía mojada pero parecía que no iba a llover más. La noche pesada anunciaba un verano menos próspero. La esquina, mal iluminada como siempre.
-Hola Doña
-¡Hola! ¿Otra vez por acá?
-Sí, doña. Me había puesto un negocito, pero me fundí. 
-........
-Así que volví.

martes, 29 de agosto de 2017

Escrituras del yo


Mi yo tiene un agujero,
que recuerdo y que me raspa,
va desde los doce a los veintiuno.

Mi toc tiene un vaivén,
unas veces caigo al fuego
y las otras, al agua helada.

Mi corazón tiene un sereno,
un amor sereno 
que es de agua tibia.

Mi historia tiene unas fotos que no quiero acoplar,
mi nariz tiene una abuela que, dice mi mamá,
que era zorra y maldita.

Mi escritura tiene una demora que me consume,
me quema y me repite
una escritura que se disuelve al revivirla
y se proyecta imaginada, a la nada.

Mi credo tiene una contradicción
que me culpa y me reclama
me libera, me redime y me sana.

sábado, 27 de agosto de 2016

Mogul y leche maternizada

Hoy abrí un paquete de rocklets y me sentí estafada: mezclados con los confites de chocolate vienen unos, bastante horribles por cierto, de solo azúcar. Esta situación aberrante se promociona desde la etiqueta, como si fuera algo bueno: "Rocklets + mogul confitados", como si me estuvieran dando dos cosas buenas al precio de una; cuando lo que ocurre es que me están vendiendo azúcar y goma xántica a precio de chocolate.

Hoy también, volví a escuchar la frase "parece que al bebé no le alcanza con la teta, toma también mamadera". Misma situación: parece que no sólo el bebé recibe una cosa buena, sino dos... (es tan groso el bebé que necesita más alimento que el que el cuerpo de su madre puede producir... menos mal que nació en esta época, sino no sé...) Cuando en realidad, le están metiendo caramelos de goma mezclados con los rocklets.

Ya todas las entidades médicas saben que cualquier mujer sana, salvo excepciones, irrelevantes para las estadísticas, tiene leche para alimentar a su bebé. También todos los libros de 1950 para adelante, dicen que los bebés bajan de peso la primera semana de vida. Sin embargo, el mercado dice "bajó de peso, viste no le alcanza con la teta"; y como ya pediatras, madres, suegras y cuñadas vienen creyendo desde hace varias décadas, en el milagro en lata de la leche maternizada, se ponen todos a presionar a la infelice de la nueva madre que ya tiene un montón de cosas "que le salen mal" sobre sus espaldas, como para también ser culpable de no darle ni de comer al hijo.

Claro que no son de igual importancia estas dos situaciones, pero sí igual de cotidianas y de naturalizadas. Y en ambos casos, son los intereses del mercado los que dictan una conducta y un deber alegrarse: alegrarse porque tenemos a alguien que nos puede vender justo lo que necesitábamos y queríamos. Los intereses del mercado, que parecen tan lejanos, pero logran disciplinar mentes y también cuerpos, en el interior de los hogares.

sábado, 16 de julio de 2016

Tan humano como la contradicción

La acusación de incoherencia entre las ideas y los actos es
un engranaje discursivo de la derecha.
Es tan fácil encontrar falencias al proyecto disonante.
Todos los discursos son deconstruibles.
Destruibles.
Lo cómodo es encontrar la grieta a lo revolucionario.