miércoles, 3 de octubre de 2018

El hombre de sombrero (I)

Le habían comido las pestañas las hormigas, ni una le habían dejado. En la misma época en que la meningitis le había comido una hermana, pero se ve que la meningitis era diferente a las hormigas, porque le había dejado cuatro, cuatro hermanos más, por suerte o por desgracia.
Meningitis, qué raro sonaba esa palabra, que ahora se sabía bien; se pronuncia marcando la gi, gi, es como pegajosa. Se le había reído la madre cuando preguntó si era culpa del desgraciado. No, eso no, le había dicho, mirando el atardecer sobre el campo ajeno, tal vez preguntándose si ese día vendría.

 Mucho tiempo después sería ella la que miraría por las ventanas alargadas del living, haciéndose la misma pregunta.
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