sábado, 27 de agosto de 2016

Mogul y leche maternizada

Hoy abrí un paquete de rocklets y me sentí estafada: mezclados con los confites de chocolate vienen unos, bastante horribles por cierto, de solo azúcar. Esta situación aberrante se promociona desde la etiqueta, como si fuera algo bueno: "Rocklets + mogul confitados", como si me estuvieran dando dos cosas buenas al precio de una; cuando lo que ocurre es que me están vendiendo azúcar y goma xántica a precio de chocolate.

Hoy también, volví a escuchar la frase "parece que al bebé no le alcanza con la teta, toma también mamadera". Misma situación: parece que no sólo el bebé recibe una cosa buena, sino dos... (es tan groso el bebé que necesita más alimento que el que el cuerpo de su madre puede producir... menos mal que nació en esta época, sino no sé...) Cuando en realidad, le están metiendo caramelos de goma mezclados con los rocklets.

Ya todas las entidades médicas saben que cualquier mujer sana, salvo excepciones, irrelevantes para las estadísticas, tiene leche para alimentar a su bebé. También todos los libros de 1950 para adelante, dicen que los bebés bajan de peso la primera semana de vida. Sin embargo, el mercado dice "bajó de peso, viste no le alcanza con la teta"; y como ya pediatras, madres, suegras y cuñadas vienen creyendo desde hace varias décadas, en el milagro en lata de la leche maternizada, se ponen todos a presionar a la infelice de la nueva madre que ya tiene un montón de cosas "que le salen mal" sobre sus espaldas, como para también ser culpable de no darle ni de comer al hijo.

Claro que no son de igual importancia estas dos situaciones, pero sí igual de cotidianas y de naturalizadas. Y en ambos casos, son los intereses del mercado los que dictan una conducta y un deber alegrarse: alegrarse porque tenemos a alguien que nos puede vender justo lo que necesitábamos y queríamos. Los intereses del mercado, que parecen tan lejanos, pero logran disciplinar mentes y también cuerpos, en el interior de los hogares.