miércoles, 4 de marzo de 2015

Por qué resistirse a que acomoden gente en el trabajo

    • Una situación problemática que nos afectó como área a principio de este año (y cuando digo a principio de este año, sólo hago una sinécdoque, lo que en realidad quiero decir, es hace mucho, muchísimo tiempo, en una ciudad lejana, en una universidad gobernada por un ogro, temido por toda la comarca) fue: que frente a la renuncia de una compañera quedaron 18 horas cátedra para ser ofrecidas; en ese marco de situación, un miembro de la gestión se negó a ofrecerlas por antigüedad como se venía haciendo y sugirió un nombre ajeno a la institución, y cuyo título no era acorde a la función. Esto generó mucho malestar en el equipo de trabajo, no solo por afectar a las docentes a quienes se les habían ofrecido las horas, sino por la sensación de abuso de poder y falta de legitimidad.Entiendo que una de las causas de circunstancias como esta, es la politización partidaria de la universidad, la cual genera funcionamientos de transparencia cuestionable, en el marco de los cuales las personas que llegan al poder, lo hacen "debiendo favores", por lo cual las decisiones que luego toman en ejercicio de sus funciones, no son el resultado de criterios propios en función del bien de la institución, sino compromisos políticos que restringen sus libertades.
    • Son un mecanismo de control: el poder los coloca como informantes.
    • Llegan con "el culo sucio", algo que ocultar, por lo tanto son perfectamente manipulables por el poder. 
    • Viven de la práctica de serruchar el piso y nunca quieren ser "pinches" 
    • Es una burla a las acciones adaptativas de la gente a la institución.
    • Va en desmedro de la calidad: la gente deja de confiar en sus méritos, y deja de procurarlos.
    • Resquebraja los grupos de trabajo y su funcionamiento se entorpece.
    • Va eliminando a la gente seria, que a la larga o a la corta, se va.
    • Nunca llegan con disposición al trabajo, sino que buscan su propio beneficio.
    • No son gente que quiera cambiar nada para hacerlo avanzar, sino que se amoldan a cualquier cosa, lo cual estanca las instituciones.
    • Destruye la imagen frente a los destinatarios de la práctica y la sociedad: siempre se enteran y pierden el respeto por la institución.
    • Rebela a las bases contra sus superiores, las bases son más y no siempre tienen tanto que perder como los funcionarios.