Hoy lo internaron a
mi papá. Me enteré cuando salí de la escuela, fue raro que me vaya a buscar
un amigo de mi papá con otro señor que parece más joven que no me
acuerdo bien quién es. Pero cuando me dijeron me mordí la lengua,
venía comiendo un chocolate y me mordí re fuerte con las muelas.
Tuve que aguantar la respiración para no ponerme a llorar del dolor, porque se notaba que no había que llorar en ese momento, no sé por
qué me di cuenta, pero ellos no querían que llore. ¡Cómo me
dolía! parece que le quise clavar las muelas para sentir más
gustito y como estaba duro el chocolate, le di a la
lengua.
Yo me re asusté
cuando me dijeron, pensé que le habían pegado, como la vez que se agarró a
trompadas con el señor que tiró el papelito al piso, o que se había
quebrado algo, no sé una pierna o una costilla. Me llevaron a la
oficina, estaba una amiga de mi mamá que me agarró la mochila y
dijo que estaba re pesada. Ahí aproveché a hablar y le conté que los lunes está pesada porque tengo que llevar los
libros de dos materias, que cada una tiene manual y cuaderno de tareas; por lo menos tenía algo que decir
y me sentía tranquilo explicando eso. Ella me miraba a los ojos
super atenta, fue raro porque nunca me presta tanta atención, me
asustó eso, pero me gustó que me mirara, así que le seguí
explicando que los lunes son horribles porque encima tengo dibujo,
que no me gusta para nada y me sale mal.
Después de comer un
sánguche de milanesa, me dijo que mamá le encargó que me explicara
que mi papá estaba internado, sí ya sé, le dije, (lunes tenía que
ser, pensé), y ahí me dijo que mi papá se había tomado más
pastillas de las que tenía que tomar, tranquila lo dijo, pero
mirándome bien. ¿viste que toma pastillas?, sí, bueno, tomó más
de las que tenía que tomar, y le hicieron mal.
Ah, como la otra vez
que yo me comí todo el paquete de gomitas, que me dolió la panza
todo el día, arriba en el estómago, tanto me había machacado mi papá con
bueno, ahí tenés, te gustó el durazno aguantate la pelusa, decía.
Las gomitas no tienen pelusa, pensaba yo embroncado. Mirá, ahora el
pavote se tomó él un montón de pastillas...¿Qué? ¿Serán
ricas, que tomó muchas? ¿No eran remedios? ¿Por qué mis remedios son
todos feos? Los que las fabrican deberían hacer al revés, hacer
ricas las que son para chicos. Si total mi papá toma ese amargo
horrible que le echa a la soda, qué necesidad de hacerle ricas las
pastillas a él.
La cosa que cuando
llegó mi mamá me abrazó re fuerte. Qué bueno ese abrazo apretado y
el sánguche de milanesa estaba buenísimo. Si no me hubiera mordido
la lengua, casi no parecería lunes. Ah, y si no lo hubieran
internado a mi papá.
Después fue todo
raro, fui a fútbol como siempre, pero me llevó esa amiga de mi
mamá, que encima se olvidó el carné del club y le agarró miedo de
que no me dejen entrar. Si a mí ya me conocen; todavía veníamos
lejos cuando el señor de la puerta dijo mi apellido. Desde que me
quedo entrenando un rato demás, ya todos me ubican, se ve que lo que
salgo con poquitos chicos y no con todo el malón, como dice mi abuela. Hasta la noche
estuvieron esos amigos en casa, con sus hijos se quedaron, porque parece que mi mamá estaba
cuidando a mi papá en el hospital. Me dijeron que ya estaba bien,
pero que se quedaba porque no sé qué; será que no estaban taan
seguros de que esté bien, o para que aprenda, cuando yo me comí
las gomitas, no me dejaron meter a la pileta al otro día.
Por suerte cuando ya
me iba a dormir, vino mi mamá. Menos mal porque yo estaba furioso
con el hijo de ellos que me agarró la pata de pollo del plato, qué
ganas de pegarle que me dio y eso que yo no pego, argumento re bien
dice la seño, porque todos en casa somos de hablar y no de pegar.
Pero me sacó justo la pata de pollo del plato, mientras yo comía, y se reía.
Si hubiera estado mi papá lo reta, o los reta a los papás para que
les dé vergüenza, o al menos le quita la pata y me la devuelve.
Bueno, raro que la amiga se fue volando cuando llegó mamá, no se
quedó charlando como siempre, como si se le hubieran ido las ideas
de las cosas que hablan siempre.
No sé tampoco por qué mamá
lloraba a la noche y tenía esa cara de fantasmita triste. Mi hermana
también se debe haber dado cuenta porque se quedó charlando con
ella. Yo me estaba por dormir. -¿Por qué papá
quería hacer eso? ¿Qué hago yo sin papá?- Le dijo en la charla. No
entiendo, de qué hablan, ¿hacer qué? Si le pasó como con mis
gomitas, ni se dio cuenta de que se estaba tomando todas las
pastillas, debe haber estado mirando una serie y chau, se le
acabaron. Fui y les expliqué.
Me miraron
sorprendidas -¿Qué hacés despierto vos?- dijo mamá. Les expliqué bien todo,
pero me miraron con ternura, como cuando preparo comida de mentirita
o digo alguna frase que ellos usan. Hicieron silencio y mamá puso
esa cara que pone cuando de golpe se decide a que algo se va a hacer,
pase lo que pase, cuando decide que la cosa no le va a ganar (sea una
maceta, un pallet para un sofá o la enfermedad en la pata de la perra) y me dijo: -Te voy a decir la verdad.
Una porquería la
verdad. Que papá se tomó las pastillas porque se quería matar.
Papá que no mata las moscas porque le dan asco, ni las cucarachas
porque hacen crac, mirá que se va a querer matar él. Si lo pinchás
con un escarbadiente y hace un escándalo porque le duele, mirá que
se va a querer matar que seguro duele un montón... ¿duele matarse?
Me agarró la duda. Pregunté. A veces, me dijeron. Odio esa
respuesta. Igual que odio los lunes, y este lunes más que a todos lo
demás.
Tal como yo decía,
mi papá volvió re bien, solo había estado medio medio de la panza,
pero estaba bárbaro y re contento. Mi mamá y mi hermana igual
vuelven a hablar cuando él no está, y está menos ahora porque está
estudiando una carrera que antes no pudo terminar y ahora la
está terminando. Y dele con que por qué quería hacer eso, que
le dio el bajón, que había estado demasiado acelerado y después
cayó de golpe, que ahora está mejor, que es importante que se
sienta útil (si es re útil mi papá, hace un montón de cosas más
que los otros papás, que lo único que saben es trabajar), que habrá
sido una protesta contra el mundo, que habrá querido llamar la
atención sobre la indiferencia de la gente, que con esta crisis
nadie anda bien, que los gobiernos son todos iguales por ser
gobierno, que mejor sería que no gobierne nadie... Lo bueno que a
veces también lo hablan con él, que dijo que no lo va a hacer nunca
más. Yo sé que es cierto. Sigue tomando pastillas, pero de a una
sola, y así le hacen bien, o no le hacen mal, por lo menos.
Sí pienso en eso de
la protesta contra el mundo, estaría re bien protestar, pero no con pastillas, fuerte, a los gritos, para que se escuche. Contra los
lunes, por ejemplo, contra los chicos que pegan, contra los papás que viven para
trabajar, contra los gobiernos que gobiernan y contra todas las cosas que le llevan la contra a mi mamá, que sabe bien cómo tiene que ser todo. Mi señorita no entiende cuando le
explico esto, como que fuera malo protestar. Y ella también toma unas
pastillas en el recreo, yo la vi, de a dos las toma. Me cansé de
decirle que se toman de a una. Al final me parece que sí le vendría
bien a la seño protestar un poco más.
Yo ya decidí, voy a
protestar mucho, porque desde que me empecé a quejar, me di cuenta que también otros de los chicos piensan como yo. Ahora estamos por armar una nota entre varios, para pedir que los lunes no tengamos que llevar tantas cosas, porque nos duele la espalda, somos chiquitos y no queremos terminar todos encorvados como la directora. Mi papá nos va a ayudar.
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