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viernes, 22 de enero de 2016

Ladrilleros Serlva Almada


Desde el principio los personajes de esta historia tienen sus marcas particulares y una verosimilitud que hiela la sangre. Las diferentes edades y los géneros están pintadas en las acciones y los pensamientos que, evidentemente, son reales.
Está narrada la vida en su extensión a través de la lente de una escena, por lo que se diría que está marcada por la idea borgeana de que la vida del hombre es un instante, o se puede resumir por lo ocurrido en un instante. Además hay colada alguna frasecita que no es del viejo, solo porque se murió.
Presenta la sorpresa del lector a la par de la sorpresa del personaje, cuyas acciones desconoce cuando quedan fuera de tono con su entorno: el coraje de hacerse diferente desde la perspectiva del asombro.
El rol de las mujeres en familias donde se las explota pero también se las valora, se las ama aunque se las haga sufrir. Contradicción actual y presente.
Un Chaco pobre, familias pobres donde los hijos importan y a la vez se desclasan.
Esta novela se da el lujo de sobrar a los intelectuales porque los ningunea y porque no usa su lenguaje.  Elige el lenguaje vulgar, en boca de los personajes y también del narrador. Se diría que rechaza los eufemismos y las insinuaciones. Dice. Y bien.
Sobretodo, la novela es una reafirmación de los cuerpos como el lugar donde la vida transcurre, precisamente, porque se ponen en acción, en erección y en riesgo.

sábado, 10 de enero de 2015

Los fantasmas

de César Aira

La operación que más me llama la atención es la de los paréntesis: no es que los use realmente, o no mucho al menos, pero sí hace una alternancia entre la historia, lo que pasa (mejor dicho lo que describe, porque no es que pase mucho más que un evento) y una suerte de reflexiones filosóficas, de mayor o menor alcance, los cuales coloca unos en boca del narrador y otros en la mente de un personaje: La Patri, la soñadora.

La construcción de lo sobrenatural, se hace a las maneras del realismo mágico, colado sin ninguna explicación ni anclaje científico, simplemente sucede, y verdaderamente no afecta el realismo, la descripción de la forma de vida de unos inmigrantes pobres, afectados de exilio.

Una construcción me parece fuerte, el circunloquio en torno al machismo. Con la excusa de decir lo "chileno", se conforma una descripción de lo femenino y lo masculino- mencionado en la novela como "los hombres de verdad"- que echa luz sobre una de las formas de opresión naturalizada de género, típicamente latinoamericana. Esto se hace con una sutileza de detalles bastante exquisita. 

Lo que me molesta, en mi lectura emocional, es la sensación de mentira o inverosímil. Por supuesto no me refiero a lo sobrenatural, sino a la forma de expresar el pensamiento y las costumbres de los pobres. No sé cuánto haya investigado el autor, ni cuántos pobres conozca de cerca, me quedo con una impresión de "perspectiva intelectual no confiable", no logra convencerme de que dice la verdad. Mi lectura emocional indica que no resiste un análisis hermenéutico, que no se presenta la chispa de conocimiento que el texto debería aportar (otro día cuestionaremos el debería, por ahora, favor de dejarlo pasar).

Mi sensación de enojo se resume a que no hay una historia interesante que se cuente, a que las digresiones coladas entre la misma no me parecen ni valiosas ni creíbles, y a que lo único que hay realmente, descripción de costumbres, no es confiable.

Esta novela me dejó con una sensación de estafa y de mentira. Sí admito que tiene algunas pequeñas hogueras encendidas, que dejan rumiando la sensación de que algo más podría brotar en una segunda lectura, y arriesgaría que tienen que ver con lo femenino: la sexualidad, el pensamiento, el optimismo, la sustentabilidad de la sociedad y la fantasía.

jueves, 8 de enero de 2015

La sombra del viento



de Carlos Ruiz Zafón (2002) Barcelona. Planeta

"Jamás me había sentido atrapada, seducida y envuelta por una historia como que narraba aquel libro- explicó Clara-. Hasta entonces para mí las lecturas eran una obligación, una especie de multa a pagar a maestros y tutores sin saber muy bien para qué. No conocía el placesr de leer, de explorar puertas que se te abren en el alma, de abandonarse a la imaginación, a la belleza y al misterio de la ficción y del lenguaje. Todo eso para mí nació con aquella novela" pp. 32
"Bea dice que el arte de leer se está muriendo muy lentamente, que es un ritual íntimo, que un libro es un espejo y que sólo podemos encontrar en él lo que ya llevamos dentro, que al leer ponemos la mente y el alma, y que eśos son bienes cada día más escasos." pp. 476
Estas citas solo muestran un aspecto de la novela, que habla de los libros y la literatura como transformadores de la vida de los lectores. La sombra del viento se trata de una lectura. Esta característica que ya no es novedosa en sí misma, tiene en esta novela el precio y, a su vez la paga, del “serpenteo” entre las vidas de ciertos personajes que son de alguna manera paralelas, las iteraciones de sus historias permiten el juego entre los puntos en común y las distancias a a partir del cual se construye gran parte de la trama.
Pero esta no es la única característica que la hace encantadora: La sabiduría y el “bien” aparecen puestos en diversas bocas, en diversas vidas, pero predominan en el lado de lo sencillo y popular, del habla llana de quién no está interesado, ni necesita aparentar conocimiento. Por otro lado se valora la excentricidad, asociada a una elección de vida y podría decirse que la crítica fuerte recae sobre la mediocridad, los que no se juegan, los cobardes...
La construcción del suspenso, que al principio parece apenas relevante, se afianza y se “come” a la escritura tanto como a la lectura. Solo una segunda lectura ha de conjurar el delirio de la intriga.
Hay una sensibilidad en la construcción de los personajes, más específicamente la descripción de gestos de los personajes que resumen su vida: a un hecho, a una herida o a un momento fundamental en sus vidas. Los personajes tienden a estáticos por ello, pero aún cuando evolucionan, y lo hacen, es a través de otro “momento” que impacta sus vidas,
El mechado de tiempos, presente y pasado, tampoco es novedoso pero sí muy prolijito, las idas y venidas van dejando huecos claros, que la narración va cubriendo, no tanto gradualmente como con momentos narrativos reveladores.
La novela tiene un aroma de obra de teatro, no es el narrador sino los personajes los que dejan la marca de sus palabras. Del telón de fondo de la Barcelona cotidiana de posguerra, saltan a escena sus gentes, que se identifican, que se leen en el otro y van dejando una traza en los demás, en su realidad y en el lector. 
Post análisis: Después de babear como tres días con esta novela, que me encantó, me di cuenta que las mujeres están un poco a la sombra, no tanto me dije, porque hay personajes que son grosos... ahora, de pronto lo que los hace grosos es la ayuda que prestaron a un hombre... que sí era groso por sus acciones... después noté que hay dos personajes "princesita": Penélope y Bea... y como cierre, estoy 90 % segura de que no pasa completo el test de Bechdel