jueves, 8 de enero de 2015

La sombra del viento



de Carlos Ruiz Zafón (2002) Barcelona. Planeta

"Jamás me había sentido atrapada, seducida y envuelta por una historia como que narraba aquel libro- explicó Clara-. Hasta entonces para mí las lecturas eran una obligación, una especie de multa a pagar a maestros y tutores sin saber muy bien para qué. No conocía el placesr de leer, de explorar puertas que se te abren en el alma, de abandonarse a la imaginación, a la belleza y al misterio de la ficción y del lenguaje. Todo eso para mí nació con aquella novela" pp. 32
"Bea dice que el arte de leer se está muriendo muy lentamente, que es un ritual íntimo, que un libro es un espejo y que sólo podemos encontrar en él lo que ya llevamos dentro, que al leer ponemos la mente y el alma, y que eśos son bienes cada día más escasos." pp. 476
Estas citas solo muestran un aspecto de la novela, que habla de los libros y la literatura como transformadores de la vida de los lectores. La sombra del viento se trata de una lectura. Esta característica que ya no es novedosa en sí misma, tiene en esta novela el precio y, a su vez la paga, del “serpenteo” entre las vidas de ciertos personajes que son de alguna manera paralelas, las iteraciones de sus historias permiten el juego entre los puntos en común y las distancias a a partir del cual se construye gran parte de la trama.
Pero esta no es la única característica que la hace encantadora: La sabiduría y el “bien” aparecen puestos en diversas bocas, en diversas vidas, pero predominan en el lado de lo sencillo y popular, del habla llana de quién no está interesado, ni necesita aparentar conocimiento. Por otro lado se valora la excentricidad, asociada a una elección de vida y podría decirse que la crítica fuerte recae sobre la mediocridad, los que no se juegan, los cobardes...
La construcción del suspenso, que al principio parece apenas relevante, se afianza y se “come” a la escritura tanto como a la lectura. Solo una segunda lectura ha de conjurar el delirio de la intriga.
Hay una sensibilidad en la construcción de los personajes, más específicamente la descripción de gestos de los personajes que resumen su vida: a un hecho, a una herida o a un momento fundamental en sus vidas. Los personajes tienden a estáticos por ello, pero aún cuando evolucionan, y lo hacen, es a través de otro “momento” que impacta sus vidas,
El mechado de tiempos, presente y pasado, tampoco es novedoso pero sí muy prolijito, las idas y venidas van dejando huecos claros, que la narración va cubriendo, no tanto gradualmente como con momentos narrativos reveladores.
La novela tiene un aroma de obra de teatro, no es el narrador sino los personajes los que dejan la marca de sus palabras. Del telón de fondo de la Barcelona cotidiana de posguerra, saltan a escena sus gentes, que se identifican, que se leen en el otro y van dejando una traza en los demás, en su realidad y en el lector. 
Post análisis: Después de babear como tres días con esta novela, que me encantó, me di cuenta que las mujeres están un poco a la sombra, no tanto me dije, porque hay personajes que son grosos... ahora, de pronto lo que los hace grosos es la ayuda que prestaron a un hombre... que sí era groso por sus acciones... después noté que hay dos personajes "princesita": Penélope y Bea... y como cierre, estoy 90 % segura de que no pasa completo el test de Bechdel

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