viernes, 22 de enero de 2016

Ladrilleros Serlva Almada


Desde el principio los personajes de esta historia tienen sus marcas particulares y una verosimilitud que hiela la sangre. Las diferentes edades y los géneros están pintadas en las acciones y los pensamientos que, evidentemente, son reales.
Está narrada la vida en su extensión a través de la lente de una escena, por lo que se diría que está marcada por la idea borgeana de que la vida del hombre es un instante, o se puede resumir por lo ocurrido en un instante. Además hay colada alguna frasecita que no es del viejo, solo porque se murió.
Presenta la sorpresa del lector a la par de la sorpresa del personaje, cuyas acciones desconoce cuando quedan fuera de tono con su entorno: el coraje de hacerse diferente desde la perspectiva del asombro.
El rol de las mujeres en familias donde se las explota pero también se las valora, se las ama aunque se las haga sufrir. Contradicción actual y presente.
Un Chaco pobre, familias pobres donde los hijos importan y a la vez se desclasan.
Esta novela se da el lujo de sobrar a los intelectuales porque los ningunea y porque no usa su lenguaje.  Elige el lenguaje vulgar, en boca de los personajes y también del narrador. Se diría que rechaza los eufemismos y las insinuaciones. Dice. Y bien.
Sobretodo, la novela es una reafirmación de los cuerpos como el lugar donde la vida transcurre, precisamente, porque se ponen en acción, en erección y en riesgo.

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