domingo, 11 de octubre de 2015

Feliz día de la madre

Me angustia ver a las mujeres robadas.
     Verme robada y vaciarme en la angustia
     Entre la culpa y la audacia,
la angustia.

Otra vez la misma historia. Mi amiga herida. Por la vida. Por lo inmanejable. Por lo inevitable. Por lo que asfixia e inmoviliza. Por su madre.

Ella no ve la relación entre no dormir siesta y sus ojeras, cree que es porque su bebé se despierta a la noche: y le grita.
Se siente distinta cuando cuenta que sus tres hermanos no le hablan. Es distinta. No se pregunta por qué no le hablan.
Se siente víctima y culpable. Hace todo lo que puede. Hace más de lo que puede.
Ella no ve la relación entre no volver a su casa, quedarse con su madre por compromiso y que su casa sea un desastre. Cree que su bebé no la deja hacer nada.
Ella no ve que el tiempo que le dedica a su madre y le niega a su hijo no es amor sino temor.
Ella cree que él se porta mal, como ella. Cree que los viejos son inocentes.
Cree que las madres son inocentes. Las madres de hijas mujeres y sus concentrados para llagas.... para sanarlas dos o tres veces en la vida, para detectarlas siempre... para avivarlas unas cuantas veces... para profundizarlas toda vez que somos débiles. Toda vez que necesitan que seamos débiles.
 Ella no ve a su esposo desfallecer de soledad y refugiarse en sus libros, en su trabajo cada vez más intelectual y más inútil, cada vez más obsesivo y más insulso.
Quizás cuando sea vieja entienda el egoísmo inconsciente disfrazado de ayuda, de consejo, de carácter...
Quizás cuando vieja entienda a algunas viejas.
Quizás cuando vieja sea mala.
Ojalá que no.

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