jueves, 27 de marzo de 2014

Incertidumbre


Cuando no sé lo que va a pasar me siento muy incómoda. Me surge una ansiedad amarga, stress podría decirse. Una sensación de desgano, o de repulsión por lo que tengo que hacer, frente a eso que va a suceder o no... eso que quizás ocurre...Sea un viaje, una visita, un cumpleaños, un almuerzo familiar o una clase.... no es un buen día para mí si tengo que vivirlo sin saber qué va a pasar.
   Pienso que en algún momento de la socialización adquirimos la herramienta de la previsualización. Nos hacemos alguna imagen de lo que va a ocurrir, y andamos confiados de cómo lo vamos a encarar, a partir de experiencias anteriores o inclusive asumiendo el riesgo de innovar... pero controlado desde ese bosquejo mental. Si después sucede  así o no, no interesa, porque sirvió para marchar "hacia".
  Me pregunto cómo se puede potenciar esta herramienta, y cómo se puede prescindir de ella cuando inevitablemente tenemos que estar sujetos a los vaivenes del día o de la vida...
   Uno de los elementos que me viene a la cabeza, es el de los dos escenarios posibles (robado de alguno de los miles de microámbitos de la programación). Consiste en pensar más de una opción frente a lo que puede suceder: hacer el esfuerzo mental e invertir tiempo en pensar dos posibles situaciones y las correspondientes acciones que tomaríamos, nos va a permitir no solo cosechar un poco de tranquilidad, sino también aumentar las posibilidades de que se nos ocurran soluciones creativas.
  Con el tiempo, pensar dos alternativas de acción, aún cuando no estamos frente a la duda o incertidumbre nos da para elegir, nos habilita una mirada crítica y comparativa; funciona desbloqueando la percepción, la estrategia y las vías de acción.
 En el peor (o el mejor) de los casos, nos va a servir para tener mayor claridad de qué queremos que suceda, lo cual nos va a impulsar a trabajar fuertemente en pro de eso. Es el efecto emocional que se produce cuando, frente a la indecisión, tiramos una moneda: cuando está en el aire, sabemos perfectamente de qué lado tenemos ganas de que caiga. Podemos entonces priorizar cuál es nuestro plan A, darle fuerza, y recordar con el capitán Dylan Hunt, que "el plan B, siempre apesta".

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